domingo, 5 de febrero de 2012




Puedo extinguirme en un instante a tu lado o arder eternamente sin ti
Creo que respiraré hasta que deje de hacerlo
Viviré por nada o moriré por algo
Pasando de puntillas o marcando mi línea en la arena
Sé lo que hay que hacer. Sé donde ir.
He mirado al mundo y me enseña el cuello.
Espera que lo degolle y beba su sangre, desea que lo arrase y mastique sus cenizas. Tanta belleza insoportable me frena.

Soy un Sinestro Corp, creo en el miedo.
Soy un Blue Lantern, creo en la esperanza.
Creo en pisar los tronos enjoyados de la tierra con mis sandalias.
He visto la tierra sin rey.
Mi epifania es sencilla, la crueldad de esta Era aporta clarividencia.

No podeis detenerme. Hacedlo, demostradlo.Muerte, ven a buscarme.
Y sin embargo, aun no he pronunciado mi declaración de guerra contra todo lo que existe.
Mi apocalipsis se llama Piedad.

Bailo como una chica. Peleo como una guerrera. Mi Sensei era una mujer al pie de una cascada en las montañas. Me enseñó a luchar y amar como un hombre.
Me dijo que El círculo se cerrará, a mi muerte.
Soy un creyente, tened fe. Por el momento, todo va bien.

http://www.youtube.com/watch?v=BR9bQjeDoYU

No todas las palabras son mias. Soy un mal ganador.

miércoles, 11 de enero de 2012

La Distancia

Cada gramo de mi quiere levantarse de este sofa y correr al cuarto a comprobar si tengo algun mensaje suyo en el movil. Cada metro que nos separa es un aviso de que no la atosigue con mas cursiladas.
Cada centimetro de mis dedos quiere escribirle un poema.
Cada nervio de mis ojos solo desea verla.
Cada superficie de mi quiere tocarla.
Cada uno de mis timpanos anhelan el eco conocido de su risa y la caricia de su respiracion.
Cada inutil pliegue de mi cerebro solo piensa en volver a gustarle como antes, en no pensar tanto ni ser tan cursi.
Cada gota de sangre circula en mis venas buscando un corazon que bombea por ella o una salida para derramarse.
Cada una de mis piernas quiere correr atras en el tiempo y evitar todos mis errores.
Cada instante sin ella me grita que no sea tan romantico.que es demasiado tarde.que aqui yace la esperanza.

Cada bocanada de aire en mis pulmones se empeña en mantenerme con vida para que cada dia sea alguien mejor por ella. A veces no lo consigo,pero es lo que mas deseo.
Cada momento juntos es irrepetible.
Sin etiquetas.

domingo, 11 de diciembre de 2011

LA HORA DEL LOBO

La puerta metálica se abrió con un chirrido, iluminando el cuartucho a oscuras donde un hombre sentado cerraba los ojos molesto, deslumbrado por la luz del exterior. La mujer, de unos treinta y tantos, entró, sin cerrar tras de sí para ver a su prisionero. Estaba acomodado, más o menos, sentado en una silla tras una mesa. No había nada más allí, salvo cuatro sucias paredes a menos de dos metros una de otra.
Ella traía otra silla consigo, y se sentó al otro extremo del habitáculo, de espaldas a la entrada abierta. No fumaba, él se fijaba en ello. Le llamó la atención porque siempre la recordaba con un Lucky Strike en los labios.
El tipo se tocó la cara, un tanto amoratada y dolorida aún, y esperó que ella hablara.

"- Es curioso que sea yo ahora tu carcelera, ¿verdad?, de ti, que fuiste el mío tanto tiempo. Y aún más increíble me parece que haya conseguido serlo solo con la intención de soltarte. A ti, precisamente.
Sí, no me mires así. Voy a liberarte...Qué mierda, cómo necesito un pitillo. ¿Te acuerdas cuantas veces te dije cuando dejaría de fumar cada vez que tu me lo pedías? Pues sí, ese momento ha llegado. Estoy embarazada. Y al final ha sido de otro hombre, ¿lo ves? uno mejor que tú.
No quiero que mi hijo nazca y crezca en el mundo tal como está.
Lo pensé mucho, ¿sabes?..te odio con todo el alma, pero te conozco.
No se si la mierda que me hiciste aún me afecta, seguro que sí, pero tal vez te debería estar un poquito agradecida, porque creo que sin toda la mierda que tragué contigo no habría podido sobrevivir a lo que llegó después. La chica feliz e ingenua que yo era antes de conocerte, esa niña no habría aguantado la que nos ha caído del cielo luego. Esta puta desgracia tiene que acabar.
Lo que más me jode es que todas las sandeces que ha veces soltabas sobre estar preparado para lo inesperado al final han resultado ser ciertas.
Tus gilipolleces de friki ahora son útiles. Piensas como hay que hacerlo en estas circunstancias. No para salir adelante, para eso ya tenemos a los auténticos héroes, y a los profesionales, los médicos, soldados, a todos esos. Tu ves el resto, más de aguantar un día más, y nunca te ha importado vivir porque ya estas casi muerto por dentro.
Voy a soltarte. Y no tiene nada que ver con nosotros. No quiero al chaval de ojos dulces que me engañó, ni al atormentado idiota que me pedía perdón tan patéticamente. No quiero al falso y ridículo metepatas, no hay lugar ya para eso. No quiero al cabrón que hizo de mi vida un infierno. De esos ya quedan aun demasiados. No, no me interesas tú. Busco al otro. Detrás de tu cobardía infinita solo hay más vacío, más oscuridad. Ahí está. El fuego que veía en tus ojos desde el principio, solo a veces empañado por tu dulzura infantil de seductor patoso y luego por tus engorrosas lágrimas.
Aún me cabreo sólo de recordarlo y me das asco.
Pero ahora quiero que salgas ahí fuera y saques ese fuego. Libera tus jodidas tinieblas, quémalos a todos y lleva a cabo el genocidio que espero de ti. Sé que tienes la capacidad necesaria. No creo que haya habido nunca un momento tan propicio para ello como ahora. A nadie le parecería más favorable.
Cuando el mundo era normal no había sitio para ti. Ahora quiero que lo purgues y si es posible te mueras en el proceso. Porque si lo conseguimos y haces tu parte ya no te necesitaremos más ni habrá sitio para ti.
Te olvidaremos y no le contaremos a nuestros hijos lo importante que fuiste, si tienes los huevos de llegar a serlo de verdad.
Tú eres así, lo sabes, me lo dijiste muchas veces. Hazlo. No vas a volver a mi vida, pero hazlo. Llévanos hasta ahí. Y si no lo consigues y caes antes, tampoco habremos perdido tanto.
Es tu momento, tu hora, la hora del lobo."

jueves, 1 de diciembre de 2011

BERLIN I

EL DIA: CIELO ROTO SOBRE BERLIN
Partimos de nuestra aldea. Un pueblo lejano y solo, callado, tutelado por un arcángel. Las madres plañideras lo nombran en sus hijos. Los sacerdotes lo invocan, los futbolistas se encomiendan a él. Los toreros visten sus estampas. Los conductores chocan con sus triunfos de piedra antes de rodar hacia las cunetas. Monumentos beatos anclados en las innumerables rotondas de la ciudad templo. Milenaria y derrumbándose, la dejamos atrás.

Y subimos por encima de las nubes, para ver el cielo sobre Berlín desde arriba al descender. Apenas ojeo la novela de Anne Rice que me acompaña desde el aeropuerto mientras los ronquidos de un obeso germano amenizan nuestras turbulencias. Se titula La Hora Del Ángel. Y un ángel dorado corona el techo nuboso de la ciudad. Un hombre de negro observa a la gente encaramado a su ala. Han visto otros como él en California, en Los Ángeles, pero no molestan a nadie.

Cerca, en Brandenburgo, Clowns uniformados de soviets, troopers de Star Wars y zombis nazis se fotografían con turistas mientras el espectro del Führer los observa derrotado desde su búnker en el cercano museo de cera. Acaso veo sus ojos solo un instante. Se parece a un borroso y envejecido Bruno Ganz en EL HUNDIMIENTO.

En el campo de Oraniemburgo, uno de esos ángeles de negro excava la tierra helada. Otro se lamenta sereno en la fosa de fusilamientos. Es como un joven Bruno Ganz en blanco y negro.
Hay máscaras de gas fabricadas a mano por cadáveres en el campo, y otras nuevas, más lustrosas aunque semejantes en un escaparate del barrio sado. A la zona latina de los chaperos la conocen por La Mala Pena. El detective hermafrodita Ambigú lo recorre embutido en cuero sudado y acero manchado de sangre. Allí vivió Ziggy Stardust, el héroe cósmico-glam. Allí estaba la base contracultural, en la ciudad dividida de la nación sometida.

-"Soy de CheckPoint Charlie", nos dice un casi anciano exagente de inteligencia de la R.D.A. "-Mi hogar ya no existe, soy un fronterizo, un Tex-Mex Soviet, me llamaba mi viejo colega y adversario, el amigo americano". El sabio y obsoleto policía político fuma sus cigarros baratos y se queda pensativo sentado en el parque frente al monumento a Karl Marx, observando al vendedor turco que ofrece imitaciones de uniformes militares comunistas. El rostro del antiguo Berlín es el de un cansado Bruno Ganz.


PROXIMAMENTE: BERLIN II, LA NOCHE: DAS GESTIRN

miércoles, 30 de noviembre de 2011

ERASE/REWIND

ERASE/REWIND

Al fin el pub irlandés se había atestado. Hacia frío fuera y el concierto daba sus primeros acordes. La mayoría de los que llenaban el local eran conocidos y amigos incondicionales de la banda, que a pie de barra entonaba unas primeras notas que me resultaban tan amenazantes como familiares, por lo que me iba haciendo a la idea de presenciar una velada nocturna más cómo se iban destrozando uno a uno algunos de los clásicos populares del rock de las últimas tres décadas.
Había acudido al lugar, más interesado en las pintas de Guinnes en mi caso que en la música, con el hijo mayor de un amigo de siempre. El chaval estaba entregado a la música desde el principio, y yo le miraba divertido añorando mi pérdida capacidad de divertirme sin mayores pretensiones o el menor espíritu crítico que la experiencia me había dado y encallecido tal vez prematuramente.
Viéndole recordaba a aquel niño pequeño cándido, algo callado y perezoso, siempre con su pijama de piratas y galeones, que me resultaba mucho más familiar que el adulto casi desconocido que tenía delante siguiendo con pasión un ritmo disonante y una voz cascada desafinando hasta lo delirante. Y me sentí tremendamente viejo pese a solo rozar aun los cuarenta. Viejo y solo.
Sin duda tocaban mal y cantaban peor aquellos dos chicos y la muchacha pelirroja que los lideraba, con un carisma ingenuo y tan forzado como los gestos de rockera convencida que tanto parecía gustarle hacer para diversión del público.
Confirmando el éxito que estaba cosechando la simpática chapuza entre sus fieles, me dediqué a apurar mi cerveza observado a los parroquianos del lugar, tratando de evitar la cercanía del potente y ajado altavoz que tenía delante vociferándome aquellas estridencias de karaoke con ambiciones.
El sitio era bonito, decididamente. Acogedora decoración de madera desde el suelo al techo, muchas fotos antiguas con motivos de la vieja Irlanda, qué verde era mi valle y esas cosas. Y bastante lámparas de gas.
Me llamó la atención el detalle de que no eran imitaciones eléctricas. Eran reales. Había estado allí antes sin darme cuenta de ello. Colgaban por todas partes dando un bonito toque de iluminación tenue, medida. Sobre la barra, las mesas, el escenario, cerca de los muchos equipos eléctricos de aquella parodia musical de grupo hard rock sin batería, o sea, con música pregrabada en su mesa de mezclas..
Me pareció peligroso. ¿ De verdad en un sitio a rebosar de gente había colocado tanto gas encendido cerca de fuentes eléctricas de calor con tan mal aspecto?.
Me resistía a llamar la atención a nadie respecto a ello por no parecer y sentirme un tonto escandalizado, cuando escuché un chasquido detrás mía. Justo donde estaba el gran altavoz al que había dado la espalda como a un enemigo, imprudentemente. En realidad era solo el principio de un chasquido. Entonces volvió a ocurrir. Apenas pestañeé y el tiempo comenzó a ralentizarse como tantas veces antes mientras me volvía y con el rabillo del ojo, curiosamente con nítidez, veía un destello que preveía una llamarada considerable bajo los cables del dispositivo. Noté un leve empujón, pero me centré en aquello que llamó mi atención. El tiempo se detuvo. Del todo, una vez más.
No se reanudaría hasta que pestañeara de nuevo, como siempre. Y es algo que en esas condiciones podía tardar mucho tiempo en hacer. Todos a mi alrededor, congelados. Algunos a pocos centímetros sobre el suelo, en plena efervescencia rítmica, ahora capturada como una fotografía de cuatro dimensiones y olores peculiares. La música había cesado. Eso al menos era un consuelo temporal. Dudaba con una media sonrisa de si salir del local antes de pestañear para reiniciar la rueda del tiempo y librarme así del resto del concierto, pero antes debía centrarme en solucionar el peligro inminente de una explosión de gas o un incendio catastrófico. Debía esperar unos momentos para habituarme a la situación, como de costumbre, ya que me embriagaban los sentidos las peculiares características del tiempo entre tiempos. Su estimulante y único sonido de fondo, la densidad y frescor del aire inmóvil, forzado a entrar en mis pulmones en cada inspiración. La luz, sobretodo la luz, tan sutilmente distinta, aunque no tan diferente tal vez en noches de bares como este.
Este era sin duda el motivo de mi soledad. Mi secreto. El hecho de que en realidad solo soy del todo yo ahora, entre los momentos. Algo que no podía compartir con nadie.
Me giré lo justo para ver a mi ahijado en plena pose de air guitar, ajeno a mi realidad. Me alegré de ello.
Espera, ¿ Que es eso? Algo interrumpía el ruido de fondo, el falso silencio de mi mundo. Un llanto cercano. Me volví de nuevo para encontrarme entre los cuerpos inmóviles a una chica de sentada en el suelo, a unos pocos metros de mi, cerca de la pared junto a la barra.
Parecía aterrorizada. Tenía su exceso de rimel corrido en buena parte de las mejillas y las manos en la cabeza, con los dedos entre su escaso y oscuro cabello. ¿Cómo era aquello posible? ¿Quién era esa niña que había entrado en mi limbo? ..La reconocí aunque no tenía aun respuestas a mis preguntas. Era la muchacha que constantemente había estado de acá para allá empujando molesta aunque educadamente de forma cansina antes y durante el comienzo del concierto.
Entonces me había recordado a alguien y ahora la sensación se acentuaba. Estaba plantado frente a ella, que seguía sumida en su miedo y sollozos sin reparar en mi, más que nada para asegurarme de que era del todo real. En mi estado de consciencia aún me estaba aclimatando al entretiempo, como un buceador lo hace a los cambios de presión en aguas profundas, y todavía me encontraba en la fase que llamo de "pedete lúcido", por lo que alguna leve alucinación o percepción imaginativa era posible de momento, como las "sombras" que en ocasiones había visto desplazarse a mi alrededor sin poder determinar su naturaleza antes de esfumarse. O los "pensamientos" que a veces había escuchado incompletos, o creído escuchar, como susurros lastimeros fugados entre dientes de algunos inmóviles cercanos. O los diálogos entre teléfonos móviles vía bluetooth e infrarrojos, como entes inteligentes. Mentes llavero. Conceptos absurdos que para mi diversión surgían en momentos concretos de mi dilatada convivencia con el tiempo inmóvil, más propios de un viaje con peyote.
Miraba a la chica confirmando su aparente existencia física al inspirar el espeso aire arrítmicamente, con esfuerzo aunque sin dificultad entre tanta lágrima entrecortada. Sí, me recordaba mucho a Natasha Gregson-Wagner. Actriz joven olvidable, podría poner en su ficha de IMDB. Ya no tan joven.
Había hecho algunas pelis infames y trabajos para televisión más potables, pero era conocida por la prensa sensacionalista menos desmemoriada como "la hija de dos padres", o "la heredera de un misterio", "la marcada por un crimen" y "el producto de la tragedia de Hollywood", como la habían llamado o titulado los poetas de los tabloides de medio mundo. Buscadlo en internet. Su madre, Natalie Wood, actriz mitificada por títulos como Rebelde Sin Causa y West Side Story murió en extrañas circunstancias en un yate en alta mar.
Su marido, Robert Wagner, aun levanta suspicacias por ello. Y en mitad de todo aquello, una niña.
Pero sin duda la chica temblorosa del suelo no era una Gregson-Wagner, sino una española común (que no es poco) mucho más joven. Mis sentidos parecieron al fin centrarse y aclararse cuando ella se calmó sola lo suficiente para abandonar sus sollozos, sorberse los mocos y percibir mi presencia al ver que la estaba mirando sorprendido. ¿Qué había provocado aquello, como...? ...Un momento, el empujón.
Me tocó. Me había tocado. Justo cuando comencé a detener los coloridos instantes que se encadenan en el transcurrir de la corriente temporal ella había pasado a mi lado una vez más en su incesante trasiego por el lugar y me había empujado, aunque no le había prestado ya la menor atención.
Era aquello, lo sabía. Nunca había ocurrido nada semejante. Ni el menor contacto con nadie durante la transición. Hasta hoy, hasta ahora.
Alguien podía verme tal como era yo, al completo. Tal vez no le gustase, pero era un principio. Ya no estoy solo.



miércoles, 12 de octubre de 2011

DON JUAN DE LOS INFIERNOS (TENORIO Z)



PARTE I. PRÓLOGO.

Cementerio de Sevilla, 00:00 h. 1 de noviembre de 1.645.

"- Inés.."

España Arde. España Sangra.

La luna llena ilumina las lápidas y panteones, que junto a la parroquia local de estatuas proyectan sombras unas sobre otras, y parecen dotarlas de movimiento. De entre la negrura de una pequeña cripta, una figura masculina asciende silenciosa por sus peldaños.

"- Inés.." Apenas pronuncia las sílabas, las respira. Como un estertor inverso de regreso a la vida. No ha visto la noche en cien años, ni sentido el aire en su garganta, sus pulmones, su rostro. Sin embargo, no es consciente del paso de todo ese tiempo. Contempla la luna, el cielo estrellado con algunas nubes, y su propio aliento en forma de vaho que se derrama en la fría noche. Mira a su alrededor y algunas estatuas parecen volverse a mirarle. Las mismas estatuas.., ¿le reconocen?.

Sólo cuando inspira profundamente nota el frío también en el resto de su piel, para darse cuenta de que está desnudo y cubierto de una sangre espesa a medio secar. Como un recién nacido. Momentáneamente desorientado. Alza las manos rojas y pegajosas ante sí, flexiona los dedos, aspira, con dificultad al principio, se detiene.. y se lanza a una carrera repentina y veloz a través de un bosque de cruces de mármol, piedra y madera, sobre un lago de losas con nombre propio, dejando sanguinolentas huellas en su superficie. Mientras corre con frenética respiración, recuerda. Quiere salir de allí. Huir, comenzar. En este lugar murió. Aquí los mismos muertos se alzaron para arrastrarle al infierno.

Un alguacil hace su ronda paseando delante de la puerta principal del camposanto. La mala fortuna hace que sea la primera presa del vampiro. Todo para proveerle de ropas y algo de sangre y vino. Después de eso, se pierde en la noche de Sevilla.




PARTE II. PUNCH DRUNK LOVE.


Sevilla, 1 Noviembre de 2.011. Anochece.

Como a Adam Sadler en Punch Drunk Love, ahora mi amor
me hace sentir poderoso, imparable, capaz de lo imposible.
En ocasiones también vulnerable.
Preocupado. Como Jack Nicholson, siempre referente, en Cuando Menos Te Lo Esperas, cuando estamos separados, a veces estoy tan preocupado por ella sin razón que apenas pienso en otra cosa.
¿Qué es el amor sino un salto de fe?
En esos pensamientos andaba cuando me percaté en la presencia de aquel tipo en la barra del bar irlandés donde estábamos. Yo estaba sentado en una butaca de madera apoyada en la pared de un rincón. Le veía bien, fumando donde a nadie se le permitía, sin que aparentemente el personal del pub se percatara, aunque olía el tabaco desde mi posición, a varios metros. No sé bien como terminé escuchando su historia. Yo estaba allí esperando a mi chica, pero acabé hasta el cierre del local charlando con aquel tipo que tanto creía saber del amor, la pérdida, la vida y la muerte cuando, absorto ya en sus palabras, sentí una vibración en el bolsillo. Era ella, avisándome que no acudiría hasta tarde por una entrevista de trabajo que le habían cambiado de hora repentinamente y al otro lado de la ciudad.
El caso que un rato antes me había levantado de mi asiento para pedirle a aquel señor de unos cuarenta y algo, moreno y con un aire entre Antonio Banderas y el capitán Alatriste, tupido bigotazo incluido, que saliera fuera a la terraza si pensaba seguir fumando. Y no se de que manera terminó contándome una inverosímil historia, la suya según él.
-"...Yo ya era un hombre aislado del mundo, del resto, hace mucho, incluso antes de mi desaparición. No sé donde corté los lazos con mi humanidad. Posiblemente en el frente. En Flandes. Allí escuché algunos cuentos sobre un señor medieval al que llamaban Empalador, un campeón de la cristiandad cuya soberbia contra dios le maldijo.
Años después le busqué, cuando ya era como él, un paria. También conocí a otro, de nombre Edmundo Dantés. Este no fue maldito por el cabrón de nuestro señor por amar a una mujer lo suficiente como para desafiarle como Vlad y yo hicimos, simplemente tuvo mala suerte. Un complot por política y las faldas de su novia catalana lo llevaron a prisión en una isla. Allí trató de escapar y el viejo loco de la celda contigua, un antiguo fraile igualmente proscrito le mordió. El chico murió aparentemente, y lanzaron su cuerpo al mar como solía hacerse, pero volvió. Hizo fortuna luego y llegó a conde, pero esa es otra historia. Menuda panda de muertos enamorados. Al menos su mujer seguía viva aún entonces, no sé que es peor.
Mi Inés...mi Inés fue mi salvación y mi victima, nunca me lo perdonaré. La amé, la amo aún tanto como mi muerto corazón me permite, podrido en mi pecho, pero conocerme fue lo peor que pudo pasarle. Me tome el conquistarla como una apuesta de taberna, y para cuando conmovió mi extinta alma yo ya la había infectado con la fatalidad de mi existencia. Y eso que sólo era un hombre entonces, no hace falta más que un desafortunado cabrón para matar tan hermosa y pura flor. Mierda, después de tantos años cuando me enrollo vuelvo a hablar como hacia antaño, con pomposa teatralidad. El caso, mi tragedia imperdonable es que ella murió por mi culpa. Punto. Mi rabia me llevó luego a rebelarme contra el mismo creador de cuanto hay y ese cerdo no es un señor bondadoso. No hay diablo, no te engañes, ni mas allá. No hay mas vida que esta, y los únicos que volvemos somos los desgraciados que osamos insultarle lo bastante alto como para que nos oiga, malditos y errantes para siempre..." Hizo una pausa, bebiendo de nuevo de su jarra de cerveza un trago largo.
"-Inés..."-Prosiguió,.."-Por lo que sé, soy el único que ha visto algo del otro lado. Tras caer, no desperté en pocas horas como los otros. Pasé largo tiempo en una tierra oscura poblada de demonios y arrastrados a aquel averno como yo. Allí no van más condenados que los que sus cojones mandan y sus monstruos atrapan, como me ocurrió. Los muertos del cementerio se alzaron aquella noche de difuntos para llevarme, herido como ya estaba, aunque fuera a pedazos. Pero sobreviví, por así decirlo. No solo eso, llegué a comandar hordas de bestias como ya hice antes. No era tan distinto de Flandes, ambos eran el infierno. En ambos dejé atrás quien era antes, esos lugares te lo arrancaban de dentro.
Lo curioso es como volvió a mi todo lo que ya conocí en el frente del norte. Las historias del Empalador resultaron ser ciertas, aquellos pocos muertos medio podridos que se levantaron de las fosas comunes para atacarnos en una ocasión y sobre los que también escuchamos rumores los excasos supervivientes de lejanos frentes no eran mutilados afectados por la peste, o al menos la muerte negra que asolaba el continente era una plaga divina distinta de lo que esperábamos.
Pero tras mi muerte, el mismo hades terminó escupiéndome de vuelta. He tardado mucho en comprender porqué, en este largo vagabundeo que acabó siendo un peregrinaje de regreso a mi ciudad: Una nueva plaga de muertos moradores va a alzarse, al final de esta misma noche..los medios y la búsqueda que me ha llevado a tal conocimiento no vienen al caso. He bebido la suficiente sangre en estos muchos años como para ser una gorda sanguijuela, pero hoy necesitaba emborracharme como antes para enfrentarme a la legión que ha de levantarse ya. Mi voluntad contra la suya, de nuevo. Y mi último aliento será por Inés, mi niña.
Nunca me perdonaré caminar tanto tiempo por esta tierra cuando ella hace tanto que desapareció. Cuando me alimento su recuerdo vuelve, vívido e intenso. En tanto pasar las estaciones como suspiros me torturó el temor a olvidar su rostro. Y ahora, por fin, este cadáver impotente que fue el mayor y más depravado conquistador de mujeres, que sólo les da ya placer cuando muerde sus cuellos esbeltos y suaves, sus pechos hermosos, apurando su sangre hasta que casi desfallecen en sus manos, pero sin matarlas. Alguna vez, sobretodo al principio, estuve a punto de hacerlo, pero no soporto la idea de una mujer muerta en mis brazos, por mi aliento. Ellas que son todo vida, ella que era la mía..
Cuando casi las consumo, comparto en nuestro carnal frenesí el recuerdo de mi pasión, se transfieren como su sangre a mi garganta. No soy pues el único que la recuerda, finalmente..."
Dejó su sexta jarra vacía en la mesa con estruendo mientras los camareros recogían las mesas del local, ya casi vacío y medio a oscuras.
Me dí cuenta de la hora y de que no tenía noticias de mi novia. Comencé a preocuparme, turbado por el relato desordenado de aquel personaje de ficción. El tipo, ya visiblemente achispado, me miró fijamente, se atusó el bigote y cogió una bolsa negra de viaje que tenía a los pies para echársela sobre el hombro izquierdo, contrastando con el elegante aunque informal y sufrido traje oscuro que vestía, y exclamó: "¡¡ Muchacho, hoy salvaremos a tu Inés, a cuantos podamos, y si hay suerte, pereceré en el intento, vamos, mi caballo...coche aguarda!! ¡¡Háblame de ella mientras el alba nos recibe con sangre y muerte en su busca!!"..... Y, pardiez, le seguí.

lunes, 19 de septiembre de 2011

BALADA DE ASESINATOS

Rojos. Soledad estaba lo bastante cerca del escenario montado en la plaza mayor aquella noche para fijarse bien en los zapatos de La Mala, de un rojo sangre intenso, mientras la cantante ronroneaba insultos al micro al ritmo de sus contoneos.
Soledad había salido de la céntrica tienda donde trabajaba tras el cierre y se había encontrado camino a casa el festival de otoño. Sin saber muy bien como, había terminado entre la multitud, casi pegada al escenario, esgrimiendo su nuevo móvil con el que grababa y fotografiaba diariamente todo lo que le ocurría, para subirlo luego al portal de aficionados VidPicz, y no se le daba mal. Tenía algunos seguidores devotos. Había hecho un par de fotos de la actuación y ahora filmaba un vídeo de las evoluciones entre sensuales y macarras de La Mala, vitoreadas por la muchedumbre que abarrotaba el lugar.
Pero a ella le interesaban más los colores, reflejados con nitidez en su último modelo de móvil (lo había cambiado por uno que alcanzara una gran resolución, la máxima del mercado en fotografía) sobretodo los del modelito de la diva, un corpiño dorado que parecía robado de los descartes de Lady Gaga, una microfalda roja, los llamativos zapatos y hasta un lazo rojo intenso en el pelo.

Roja oscura. Mientras forzaba silenciosamente la cerradura del piso, recordaba los ojos de Lorena en una minúscula habitación negra iluminada por una fuerte luz roja, solo un rato antes, en un callejón cercano de la zona antigua del centro, en el interior de un pub gay, esperando a entrar en los servicios en la pequeña habitación rojinegra. Él, apoyado en la pared, en silencio, mirándola desde profundas, rojizas tinieblas a menos de medio metro de distancia. Ella, Lori, como la había llamado la desfasada de su amiga, acababa de entrar desde la barra, algo agobiada por la estrechez del espacio, por el silencio que los aislaba de la música imperante a una puerta de distancia, por el estruendo de la chica que la acompañaba hasta perderse en el excusado, también por el viejo marica borracho que las había acosado instantes antes,...pero al poco se tranquilizó. El tipo aquel que también esperaba apoyado en la pared permanecía inmóvil, como distraído, y embutido en su traje negro transmitía serenidad, seguramente de origen etílico, pero apacible. Sin embargo, en el fondo tenía un poso tenso, lo sentía en las tripas. Tal vez solo fuera la cerveza, los chupitos y las ganas de orinar, que la tenían ya atolondrada.

Él la había seguido a casa, bastante cerca del pub. Un piso bien situado, en la plaza mayor, que esa noche estaba de fiesta, al parecer. La cerradura cedió, y abrió la puerta lentamente, iluminando desde el pasillo tenuemente el saloncillo que había permanecido a oscuras. No necesitó mas, la vio asomada al balconcillo, abierto a unos 3 metros justo frente a él. Reconoció su corto vestido blanco con tirantes, su espalda casi descubierta, que lo invitaba a pasar. De espaldas a él, Lorena se entretenía con la algarabía de la madrugada. Había un concierto de La Mala allí mismo, y ella miraba a la gente y al escenario desde atrás, a cierta distancia, dada la situación de su casa a tres pisos sobre el arco de acceso oriental a la plaza. Tenía algo de frío allí fuera, con su minúsculo vestido, y repentinamente se sentía de nuevo un poco triste y sola.

Cerró la puerta tras de sí. Lori no advertía su presencia, podría hacerlo bien. Comenzó a desanudarse la corbata y quitarse el traje. Recordaba aquella peli de Charles Bronson, un policiaco en el que perseguía a un asesino en serie que se desnudaba para cometer sus crímenes, con la convicción de no dejar pistas. Aquello fue mucho antes de los análisis de ADN, claro. Pero él también lo hacía así. La seguridad no era propioritaria, él no era un ladrón. Era un asesino enamorado. Cuando miraba en la tele la serie Dexter, no comprendía como el sociópata protagonista restringía de aquella manera sus asesinatos, limitándolos a simples ejecuciones asépticas, sin atisbo de pasión en ellas, incapaces de saciar en realidad al oscuro pasajero que siempre mencionaba.
Una vez desnudo, sacó del bolsillo de su chaqueta un minúsculo punzón que se colocó entre los dedos de la mano derecha y un bisturí que sostuvo con fuerza en la izquierda cuando dejó la prenda en el suelo, y dándose un momento para contemplar a Lori en aquel instante de ignorante pureza, la embistió calladamente, arriesgándolo todo por un extásis pasajero de puro amor.

Soledad tenía ahora enfocado el rostro de La Mala, que susurraba repetidamente "Date cuenta", cuando advirtió algo extraño. Un movimiento lejano, sobre la cabeza de la cantante le llamó la atención. No le habría prestado más atención, pero persistía. Se distrajo de su entorno y enfocó su lente hacia allí, al bloque pisos del extremo opuesto de la plaza, a tres plantas sobre el arco. Durante un momento no supo que estaba viendo, luego le pareció que un hombre follaba a una chica por detrás, agarrada a la barandilla de su balcón. Finalmente forzó el zoom al máximo como para distinguir en la lejana penumbra como el tipo, aparentemente desnudo, apuñalaba repetidas veces a la chica desde atrás, bajo el costado izquierdo, mientras la sostenía penetrada por el lado derecho del cuello con una hoja más pequeña, que parecía asfixiarla o inmovilizarla, mientras la sangre roja se deslizaba hacía arriba, buscando su mentón, lamiéndolo apenas, para caer entre sus pechos hacia abajo. No sabía cuanto duró aquello, aunque su cámara lo tendría registrado. Soledad estaba inmóvil, incapaz de dejar de enfocar aquel horror, cuando una inoportuna niebla artificial manó en el escenario de la plaza, haciéndose tan espesa como para impedir continuar presenciando aquellos terribles momentos. No había llegado a ver al hombre que había hecho eso, que tal vez aún lo hacía, pero por su constitución le había parecido joven o de mediana edad. Intentó desplazarse entre el entusiasta gentío para volver a ver algo de aquel balcón lejano, pero no lo logró.

Él notaba el cuerpo caliente de Lorena rozando su torso desnudo. La sangre impregnando todo, hasta sus pies, el aliento de ella que se escapaba. No había gritado. Cuando le clavó la muy corta hoja del punzón en el cuello había apenas abierto la boca con sorpresa y dolor agudo, intentando coger un aire que ya no atraparía jamás. Era como una punción estranguladora, que la dejaba indefensa, vulnerable para ser penetrada repetidas veces, tantas hasta que sus formas se desmadejaran en sus manos amantes, ahora húmedas y pegajosas. Cuando terminó, la cabeza de Lorena descansaba sobre el hombro de él, como dormida, con una expresión como agradecida. Él la sostenía ahora con dulzura, como abrazándola casi por detrás. Dejó de contemplarla para mirar a la calle, disfrutando de la brisa nocturna y el calor de sus cuerpos. La plaza hervía, rugía, pero ellos pasaban inadvertidos. Había un millón de cámaras y móviles allí mismo. Grabando sin parar, el concierto, los amigos, las parejas, todo. Pero a menudo las cámaras son incapaces de ver siquiera momentos como aquel, de auténtica vida, de amor incondicional. Momentos trascendentes. Si alguna, una sola de las pequeñas luces de flashes de aquella marea nocturna y ruidosa era lo bastante audaz para fijarse en ellos ahora, debía ser sin duda especial. Tal vez una.

No supo muy bien porqué, pero Soledad cedió a su primer impulso, que fue subir la grabación a la web. No se lo dijo a nadie, no hizo nada. De alguna manera, sabía que la chica, a la que ya no veía en el balcón, estaba muerta, tirada en el suelo del piso, desangrada. y su anónimo asesino y ella eran los únicos que lo sabían aún. Compartían eso, y hacía especial lo que había grabado. algo que le asqueaba pero que lo distinguía de cualquier video malo de youtube. Eso era diferente. Lo peor fue que se marchó a casa. No sabía lo que sentía. Tal vez estaba excitada, tal vez se odiaba, puede que la curiosidad pudiera a todo lo demás.

Una vez en casa, miró el portal VidPicz desde su portátil. Tenía un nuevo seguidor, que oportuno. Usaba un alias, NokreokelSolxist@, y había votado su nuevo e inusual video. También dejó un comentario. Seguro que iba a buscarse un lío con aquello, pensó. Era un enlace. Clickeó y accedió a una webcam. Eso no lo esperaba. Desde el monitor miraba una habitación vacía. Parecía como un reservado de un club o algo así. Por la decoración (bajos sofás de sky blanco, un minibar, y sobretodo una barra para hacer bailes sensuales y striptease) y la iluminación, de un rojo opaco.

Una jovencita pelirroja de aire gótico y piel muy blanca apareció ante la cámara. Sonreía sin hablar con malicia fingida, y en los primeros acordes de una canción de Nick Cave (una versión muy lenta de Don´t fear the reaper) comenzaba un baile sensual sin levantarse, frente a su ordenador. Levantaba los brazos cogiéndose el pelo cuando una sombra apareció tras ella. Un traje negro, un capucha extraña, como acolchada, de un tono gris metalizado. Unos guantes del mismo tono, como los de malla que se utiliza para el esgrima medieval y las representaciones. Un cuchillo de carnicero. Con rapidez, agarró a la casi niña de su blanco y desnudo hombro y le seccionó el cuello desde atrás. No hizo más. La sostuvo mientras la muchacha agonizaba brevemente entre mudos y húmedos estertores.
Soledad estaba paralizada. Sus ojos claros y culpables ni pestañeaban.
El encapuchado se quedó inmóvil, mirando a la cámara todavía, como había hecho desde que apareció en escena. Le pareció que la saludaba.

“El amor es muy importante, enfermera Igor. El amor es una puerta a otras emociones. Sin él. No puedes llegar a comprender cosas como la venganza, o el terror, o la pérdida,.. o el odio. El odio es la hostia. Odiar es nunca tener que decir que lo lamentas. No puedes odiar debidamente sin haber estado enamorado, porque nada te enseña mejor a odiar..” Doktor Sleepless.

Pero el doctor se equivoca, en mi caso. No soy un misógino, soy lo contrario. Un amante, un ángel de alas rojas en un permanente San Valentín sangriento definitivo. Un enamorado.
Si ella hubiera sido un hombre, habría huido. Sin más. Pero esa chica que nos filmó mientras Lori y yo consumábamos nuestro encuentro en el balcón de la madrugada tenía una mirada distinta. Inocente, morbosa, pura.
Compondría para ella una cadena de pasiones, una balada de asesinatos, estrechando un círculo a su alrededor de complicidad y tensión, que tal vez se cerraría, a su muerte.